Panorama Energético

¿Es el gas la energía de transición hacia un sistema energético sostenible bajo en emisiones?

Las emisiones de CO2 disminuyeron en 2020, debido a la pandemia ya que las medidas de confinamiento provocaron el descenso de la demanda de combustibles y electricidad, a lo que se sumó la caída continuada del «factor carbono» (emisiones de CO2 por kWh producido), principalmente debido a la transición del carbón al gas natural que superó por mucho la cuota de las renovables en la oferta energética mundial.

La mayor parte de la reducción de las emisiones tuvo lugar en EE. UU. (-11 %) y en Europa (-11 %, con recortes significativos en Alemania, España y el Reino Unido), debido principalmente a un descenso considerable de la generación de electricidad alimentada con carbón (35 % de la oferta energética mundial en 2020); que junto con la generación de energía nuclear disminuyeron un 4,5 % y un 3,5 %, respectivamente, con una compensación apenas parcial, por el aumento de la generación con energías renovables: eólica (+12 %), solar (+20 %) e hidroeléctrica (+2 %).

El brote de COVID-19 ejerció un enorme impacto en las emisiones de CO2 (-4,9 %); en especial en la primera mitad del año 2020, cuando las medidas de aislamiento y restricciones al transporte fueron generalizadas, lo que junto con la recesión económica redujeron considerablemente el consumo de los derivados del petróleo en el sector de los transportes y un descenso de la demanda de electricidad, que ya se había ralentizado previamente en 2019.

Guía que muestra el camino propuesto para limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 ° C y llevar las emisiones de CO2 a cero neto para 2050.

El World Energy Outlook (WEO, Prospectivas de la energía en el mundo 2021) analizó en profundidad los efectos de la pandemia, y su repercusión en la agenda propuesta para llevar las emisiones de CO2 a cero neto para el 2025,  con el impulso a nuevas energías para establecer un sistema energético más seguro y sostenible, según el modelo de la Agencia Internacional de Energía (AIE).

Dicho modelo define las acciones necesarias a 10 años con miras a lograr el nivel cero de emisiones netas mundiales de CO2 en 2050, a partir de tres escenarios : Escenario Políticas Declaradas (Stated Policies Scenario, STEPS), que refleja todas las intenciones y objetivos anunciados a día de hoy, incluyendo el Acuerdo de París y los objetivos de acceso a la energía y calidad del aire; El Escenario Recuperación Tardía (Delayed Recovery Scenario, DRS) se ha diseñado sobre la base de los mismos supuestos de políticas públicas que STEPS, con la diferencia “IEA. All rights reserved” y el Escenario Desarrollo Sostenible (Sustainable Development Scenario, SDS), un refuerzo de las políticas e inversiones en el ámbito de la energía limpia encarrilada a llevar el sistema energético hacia el logro de los objetivos de energía sostenible en su totalidad.

El World Energy  Outlook 2021 advierte que si bien, hay un número creciente de países y empresas que se han propuesto alcanzar cero emisiones netas para mediados de siglo, de cara al nuevo escenario Cero Emisiones Netas al 2050 (Net Zero Emissions by 2050, NZE2050), una pandemia prolongada provoca daños duraderos en las perspectivas económicas, que ponen en riesgo el cumplimiento de estas metas.

Consumo de petróleo,gas u carbón proyectado al 2050
World Energy Outlook 2021 (WEO-2021) está diseñado como un manual para la Conferencia de Cambio Climático COP26 en Glasgow, que ofrece una oportunidad crítica para acelerar la acción climática y la transición a energías limpias.

La previsión, según se indica  el informe WEO 2021 es que la economía mundial no vuelve a los niveles previos a la crisis hasta 2023, y se abre paso a una década con la tasa de crecimiento de la demanda de energía más baja desde la de 1930, lo que contraviene la hipótesis de salud pública y económicas que se utilizan los STEPS.

Antes de la pandemia, se preveía un aumento de la demanda de energía del 12% entre 2019 y 2030. Actualmente, el crecimiento durante este período es del 9% en STEPS y tan solo del 4% en DRS, por dos razones, la tendencia decreciente de las economías avanzadas y un menor ritmo de crecimiento de la demanda de energía con respecto a las trayectorias previas a la aparición del Covid 19, y el marcado descenso de la inversión en 2020 que aumentó la probabilidad futura de volatilidad del mercado.

En las economías intensivas en CO2, el gas natural se ha visualizado como una energía de transición porque sus emisiones son más bajas que las del carbón, y en general mejores que las de otros combustibles fósiles. En el escenario STEPS, el 30% del aumento de la demanda mundial de gas natural de aquí a 2040 se concentra en el sur y el este de Asia. Las prioridades en las políticas públicas de estas regiones (en particular, la presión para mejorar la calidad del aire y apoyar el crecimiento del sector industrial) junto con precios más bajos,  son las que  han respaldado la expansión de la infraestructura del gas; sin embargo, la reciente invasión rusa a Ucrania y la incierta recuperación económica planteada, pone en riesgo las perspectivas futuras sobre las nuevas infraestructuras de exportación de gas natural licuado aprobadas en 2019.

Otro factor en contra del gas natural, son las emisiones de metano a lo largo de las cadenas de suministro. En Europa según el STEPS, y en todas las regiones del mundo según el SDS, la industria del gas se enfrenta al desafío de modernizarse para afrontar un futuro energético diferente, con avances demostrables en reducción del metano, introduciendo gases alternativos como el biometano y el hidrógeno de bajas emisiones de carbono e implantando tecnologías de captura, uso y almacenamiento de CO2 (CCUS, por sus siglas en inglés).

Sin embargo, la inversión para el suministro de petróleo y gas se ha reducido desde el 2020, ya que los inversionistas se muestran cada vez más escépticos, preocupados por su desempeño financiero y la compatibilidad de las estrategias empresariales con las metas ambientales. Además, muchos productores de petróleo y gas, en especial los de Oriente Medio y África, como Iraq y Nigeria, se enfrentan a fuertes presiones fiscales debido a su alta dependencia de los ingresos procedentes de los hidrocarburos.

La industria estadounidense del esquisto ha satisfecho casi el 60% del aumento mundial en la demanda de petróleo y gas — incremento propiciado por la facilidad de crédito, pero ahora se ha agotado. Aún no se conoce con claridad la capacidad de la industria para responder a esta situación, lo que podría presagiar futuros ciclos de precios altos y riesgos para la seguridad energética.

Invertir en nuevos proyectos de exploración y producción, para promover transiciones energéticas rápidas, requiere que se superen esas inquietudes financieras, que los precios se recuperen y los proyectos comiencen a ofrecer mejores rendimientos. De igual forma, es necesaro que no queden más dudas sobre la contribución de la industria gasera a la reducción de las emisiones.

World Energy Outlook concluye en su informe 2021 que las emisiones mundiales repuntan con más lentitud que tras la crisis financiera de 2008- 2009, pero que estamos aún muy lejos de una recuperación sostenible, porque el proceso de cambio del sector energético también pierde impulso debido a la mayor debilidad de la economía. Muestra que incluso a medida que los despliegues de energía solar y eólica van viento en popa, el consumo mundial de carbón está creciendo fuertemente este año, empujando las emisiones de dióxido de carbono (CO2) hacia su segundo mayor crecimiento anual en la historia.

“Las consecuencias de la pandemia pueden bajar las emisiones, pero la tendencia de crecimiento de las emisiones solo se invertirá de forma satisfactoria si se aceleran los cambios estructurales en la forma de producir y consumir la energía en el mundo” señala el informe.

Agrega que la transformación debe extenderse mucho más allá del sector eléctrico. “El sector eléctrico toma la delantera, pero se necesita una gran variedad de estrategias y tecnologías para reducir las emisiones en todos los componentes del sector energético” y que se requiere de contribuciones sin precedentes —de los gobiernos, las empresas del sector de la energía, los inversores y de los ciudadanos. “El futuro energético seguro y sostenible es una decisión de los consumidores, los inversores y las industrias, pero sobre todo, de los gobiernos” finaliza.

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