Una de las consecuencias de la invasión rusa sobre Ucrania ha sido la necesidad de acelerar el proceso de transición energética para reducir la dependencia de ciertos países de los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural) que representan el 79% de la producción mundial de energía, con efectos ambientales negativos muy grandes.
A pesar de que por décadas se viene hablando sobre el riesgo ambiental y económico que representa la dependencia de la energía dominante y la necesidad de cambiar las fuentes energéticas empleadas para lograr un planeta sostenible, esto se ha vuelto más evidente ante el escenario de guerra, que ha encendido las alarmas.

La principal razón por la que los combustibles fósiles han dominado el suministro mundial de energía, se debe a que en el pasado eran más baratos que el resto de las alternativas disponibles.
Las fuentes de energía renovable, mucho más seguras y limpias que los combustibles fósiles, hasta hace poco más de una década ni siquiera estaban cerca de los costes de las fuentes energéticas tradicionales; por ejemplo en el 2009 la energía eólica era un 22% y la solar fotovoltaica un 223% más cara que el carbón.
Hoy, por el llamado “efecto de aprendizaje” en la tecnología y debido a que la capacidad instalada en ambos casos ha aumentado exponencialmente, el precio de las energías renovables ha bajado.

El costo en las energías renovables lo determina la tecnología en sí. Por ejemplo, el tipo de energía que registró un mayor descenso de costos en la última década fue la solar fotovoltaica con un 82% -debido principalmente al abaratamiento de los módulos fotovoltaicos-; le siguen la energía solar de concentración con un descenso del 47%, la eólica terrestre con un 39% y la eólica marina con un 29%.
En el caso de la energía eólica terrestre la reducción se debe a una producción de turbinas más eficiente que se ha traducido en una reducción de los costos de instalación, funcionamiento y mantenimiento, mientras que la energía eólica marina ofrece una tasa de aprendizaje inferior y sigue siendo aún relativamente cara (solo un 25% más barata que la nuclear y un poco más cara que el carbón). Sin embargo los expertos esperan que la energía eólica marina se torne mucho barata en los próximos años, principalmente debido a que los costos de funcionamiento y mantenimiento registran un descenso al aumentar el tamaño de las turbinas, además de la aparición de sinergias de costos en las zonas, cada vez mayores, de parques eólicos marinos donde los vientos constantes en el mar permiten factores de carga más altos.
En cambio la energía proveniente del carbón no ha reducido sus costes. En primer lugar, porque hay poco margen para mejorar la eficiencia de las centrales eléctricas de carbón. Esto significa que existe un límite inferior para el precio de la electricidad proveniente de este tipo de plantas.
En el caso del gas natural, que se volvió más barato durante la última década, está evidenciando por los efectos de la reciente guerra, que esta caída del precio no es sostenible a largo plazo.
Hoy por hoy los sistemas de energía renovable no sólo benefician las emisiones de gases efecto invernadero, sino que parece que van a tener también un efecto secundario indirecto que es aún más importante, la posibilidad de acceso a energía más segura y barata, lo que comienza a hacerlos más atractivos antes panoramas como el actual, con una coyuntura de guerra.
Fuente primaria: blog DiarioVasco.com
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