El Gobierno de Bélgica ha decidido tomar las medidas necesarias para extender la vida útil de los dos reactores nucleares, lo que está retrasado 10 años, al 2035, el cierre de las centrales nucleares debido a las hostilidades en Ucrania y la crisis energética mundial.
En el 2021 se había acordado parar estos reactores en 2025, pero ante la noticia de que las tropas rusas tomaron el control de la planta nuclear ucraniana de Zaporiyia, la cual es la más grande de su tipo en Europa, y debido a la subida drástica de los precios del petróleo y el gas natural, la nación belga se vio obliga a revisar esta decisión.
Hay que tomar en cuenta que en este momento los cuatro reactores de Chernóbil en Ucrania están desactivados, desde el incidente de 1986 que causó la liberación de radiactividad por buena parte de Europa y que dejó decenas de miles de víctimas. Pese a esto, en Ucrania, la energía nuclear se ha vuelto cada vez más importante para el suministro de energía del país.
Bélgica por su parte, cuenta con siete reactores nucleares repartidos en dos centrales, Tihange (suroeste) y Doel (noreste), con una potencia de 2.900 y 3.000 megavatios (MW), los cuales se construyeron entre 1975 y 1985 . Esta energía acapara alrededor del 50 por ciento de la generación de electricidad en ese país.

Sin embargo, Bruselas, considerada popularmente también como la capital de la Unión Europea (UE), había tomado la decisión de renunciar a la energía atómica e ir cerrando reactores entre 2022 y 2025, lo que varió ante la presión de distintas fuerzas políticas y expertos que pidieron mantener en actividad al menos dos de los reactores nucleares más modernos, para evitar problemas de suministro energético. Esta situación limita la intención de acelerar la transición energética que lidera el país y en la que se han invertido sumas millonarias.
A esta medida se suma otra acordada por las autoridades belgas, de subvencionar la construcción de nuevas centrales eléctricas, incluidas las de gas, aunque mantienen la decisión a largo plazo, de priorizar las fuentes renovables, en primer lugar la energía eólica.
También recientemente la Comisión Europea adoptó una norma que considera sostenibles las centrales nucleares con permiso de construcción en la Unión Europea antes de 2045 y las plantas de gas que emitan menos de 270 gramos de dióxido de carbono (CO2) por kilovatio hora hasta 2031 o menos de 100 gramos en el conjunto de su vida útil.
Europa como un todo está bajo presión, pues algunos países enfrentan apagones, como ha ocurrido también en China y la India, todo lo cual ha provocado en este continente un incremento en la demanda del carbón, la fuente de energía fósil que más contamina, pero lo hace en un intento por darle solución a las necesidades energéticas en esta coyuntura tan crítica.

Todas estas medidas anunciadas son resultado de la crisis energética que vive el mundo desde antes de la pandemia, provocada por el cambio climático con inviernos más fríos, el encarecimiento del Gas Natural, así como la subida del barril de petróleo por el crecimiento de la demanda de hidrocarburos frente a una oferta limitada. En algunas regiones los precios del gas natural se han disparado, encendiendo las alarmas de cara al invierno boreal, época en la que hay una mayor demanda de energía para iluminar y para el uso de la calefacción.
La pregunta que se plantean algunos expertos es si ¿Estamos realmente ante una crisis que esté obligando a acelerar la diversificación de fuentes energéticas que ayuden a contrarrestar la demanda y a su vez sean más limpias para contribuir al cuidado del medio ambiente o más bien vamos en retroceso para volver a fuentes más contaminantes?
El panorama de alta demanda, una producción al límite y en algunos casos poca capacidad de almacenamiento, así como la necesidad de retomar el uso de combustibles fósiles como el carbón o recurrir a la energía nuclear, pone en este momento cuesta arriba la meta de lograr los compromisos energéticos pactados en la reciente COP26.
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